Mi vuelo a la Copa del Rey ACB

Era un 30 de diciembre cuando me dan la noticia… Estaba en lista de espera y probablemente no tendría la oportunidad de participar en el voluntariado. Aun así, mis esperanzas seguían allí. No fue hasta el 15 de enero que supe que sí me habían cogido, concretamente para Mini Copa y Fan Zone. A medida que iba pasando el tiempo las ganas de empezar la aventura, para mí, nueva, iban aumentando cada vez más.

La aventura empezaba un lunes por la tarde, donde nos esperaban muchas horas de aeropuerto, ya que soy de Palma de Mallorca y teníamos que hacer escala en Madrid. Para este viaje me acompañaba mi amigo y compañero Lluís, donde los dos éramos novatillos en esto de ser voluntarios. Con un par de horas de retraso y mucho cansancio, llegábamos a la residencia el lunes a la una de la madrugada. Nada más entrar, ya se notaba que ese edificio iba a ser un lugar muy especial donde vivir muchos momentos.

Por la mañana empezábamos nuestro primer día, donde, para nosotros, era el más difícil y extraño, ya que no conocíamos a nadie y no sabíamos qué hacer. Nos presentamos con los coordinadores, que nos dieron la bienvenida y nos presentaron al resto de voluntarios que ya estaban en la residencia, como no, jugando al ping-pong. Esa misma mañana, para romper un poco el hielo, fuimos todos a jugar un megapartido de básquet en la cancha de la residencia. Debíamos ser unos 12 contra 12, sudando todos, y a mí que me dijeron que en Galicia siempre hace frío… Pasó la mañana y nos fuimos todos con el bus a dar un paseo por el centro de A Coruña, cuidad pequeñita donde yo no había estado nunca. A la tarde, empezaba ya la primera actividad como voluntarios, es decir, la formación.

Cuando entras en la expo por primera vez es una sensación agradable, aunque no sabes lo que te espera y no sabes que ese lugar va a ser tu casa los próximos cinco días. Nada más entrar, ya se masca el ambiente copero, ya que se reparte la ropa y ya se empiezan a haber algunos trueques de tallas y colores de zapatillas, yo siendo la primera en cambiar las mías. Una vez finaliza toda la formación, regresamos a la residencia para descansar y empezar el miércoles a tope, eso sí, con muchos deberes, sobre todo con la cantidad de nombres que tienes que aprenderte en un día!

Los demás días fueron muy cargados de trabajo, esfuerzo, compañerismo, ilusión y ganas. Cada grupo tenía su función, donde se formaron dentro de la gran familia pequeños equipos de trabajo. Hablaré brevemente del mío, Mini Copa: éramos un grupo pequeño, pero gracias a nuestro líder, Jordi, todo funcionó en todo momento a la perfección y fueron tres días intensos y muy divertidos. Trabajábamos de 8 de la mañana a 19 de la tarde, parando, está claro, para comer y con descansos. Había diferentes trabajos, los cuales algunos eran: acompañantes de equipo, estadística, moperos, carro de balones, vigilantes del recinto… A mí me gusto muchísimo mi área, ya que soy entrenadora de infantiles, y vivir ese torneo con ellos tan de cerca me ponía los pelos de gallina. Se notaba en el ambiente las ganas de los niños, la ilusión de jugar una Mini Copa, el gran talento de todos los jugadores y equipos, en fin, el ambiente copero. Lo más alucinante fue la final, disputada en el pabellón principal, el mismo donde se jugaba la Copa. Una final muy disputada donde se la llevó el Real Madrid delante de un gran rival que luchó los 40 minutos, el Juventud.

A parte de todo lo relacionado con lo deportivo, el ambiente social fue lo mejor de toda la semana, donde en nada pasamos de ser desconocidos a formar una familia. Fueron muchos los momentos vividos, cervezas a las dos de la mañana en la resi, cena a media noche de comida gastronómica de muchas comunidades de España, kaos al acabar los partidos de copa hasta la una de la mañana, los “CAMARERO” del autobús en todos los trayectos, los piques entre nosotros durante los partidos de copa “vigilando la cámara”, en definitiva, muchas risas y buenos momentos.

Llegaba nuestro último día, preparando durante muy pronto la final de la Mini Copa, donde mi función fue mopera, cosa que me hizo poder disfrutar de la final desde pie de pista. Una vez finalizada, nos quedamos muchos en el pabellón para prepararlo para la gran final, comiendo rápidamente de bocadillos para no perder tiempo alguno. La gran final estaba muy cerca! Ensayamos un par de veces la salida del podio y la colocación final de todos, repartimos los folletos por todo el pabellón, hubo ensayo de cheerleaders, ensayo de salida de la copa y entrega de trofeos… El pabellón se iba llenando y las aficiones se iban notando. Iba a ser un partido muy intenso, aunque gano el que tenía que ganas, viva el Madrid, y como saben los que lo veían conmigo, viva Llull!! Pero después de un buen momento llega uno malo (en el sentido de triste). Llegaba la despedida, la entrega de diplomas y los discursos de los coordinadores. Era el momento más amago, la despedida con los compañeros, los lloros entre abrazos de los acompañantes de este magnífico viaje y la hora de volver a casa. Fue lo que más pena me dio, ya que nosotros, los mallorquines, fuimos los únicos en volver a casa el mismo domingo y los demás pudieron disfrutar de la última noche todos juntos.

Era la hora de salir del pabellón con las maletas y un clínex en la mano, llamar a un taxi, y, después de una hora de retraso, llegar finalmente a casa a las tres de la madrugada agotados, muertos de sueño, pero con una sonrisa de oreja a oreja con ganas de al día siguiente a los amigos contarles la maravillosa experiencia de vivir un voluntariado.

Ha sido el primero, pero el primero de muchos, o eso espero. Ha sido un placer disfrutar de este viaje con todos vosotros, espero volver a veros pronto y como decimos siempre, ¡la copa aún no ha acabado!

Natalia Merchán, Mallorca, Voluntarios ACB

Mi vuelo a la Copa del Rey ACB

2016-11-10T21:34:03+00:00 08-09-2016|